Cuántas veces hemos oído y leído las mismas ofertas de prosperidad. Las mismas preocupaciones son las que conducen a aquellos candidatos a la presidencia regional o a la alcaldía de Piura a ofrecerse como posibles salvadores, sin embargo cuando llegan a ese lugar tan preciado, se olvidan de cuanta promesa hicieron.
Hoy tenemos a nuestro alcalde enfermo, sin embargo todos los días leemos en el periódico que mientras unos no quieren declarar vacante el sillón municipal, otros piden precisamente lo contrario. Y las lluvias, que sigan cayendo en la sierra, que sus casas se sigan destruyendo, que los niños vean peligrar sus clases y que, evidentemente, no vean los libros que el gobierno, con mucho esmero, ha reeditado.
El gobierno se deshace por hacernos entender que todos los peruanos debemos esforzarnos por ser mejores, pero la verdad es que pedir esto es como pedirle a un niño hambriento que estudie. ¿Cómo pedirle a un maestro, que apenas tiene un sueldo para pagar sus deudas, que mejore? ¿Cómo pedirle a un niño que reciba con gusto un libro si lo más probable es que sus clases empiecen en abril y no en marzo, como se quería el año pasado, porque su colegio aún no ha sido reconstruido -en Ica y en Cañete, aún viven en carpas- o porque está completamente inundado?
Lo que últimamente nos alarmó fue la restricción del acceso a los puentes. ¿Cómo es que las autoridades piensan que esa es la única vía de solución?, ¿cómo es que no se han podido tener en cuenta las numerosas recomendaciones que hicieron algunos ingenieros piuranos, durante todo el año pasado? Sin duda alguna, no se cuenta con una política preventiva. ¿Qué se hace con el dinero que el gobierno central destina a nuestra región? A lo mejor no alcanza, como tampoco alcanza el dinero que se envía para pagarles a los profesores contratados, a quienes aún se les debe el sueldo del mes de diciembre y las llamadas décimas de enero.
¿Qué podemos hacer los demás?
Hoy tenemos a nuestro alcalde enfermo, sin embargo todos los días leemos en el periódico que mientras unos no quieren declarar vacante el sillón municipal, otros piden precisamente lo contrario. Y las lluvias, que sigan cayendo en la sierra, que sus casas se sigan destruyendo, que los niños vean peligrar sus clases y que, evidentemente, no vean los libros que el gobierno, con mucho esmero, ha reeditado.
El gobierno se deshace por hacernos entender que todos los peruanos debemos esforzarnos por ser mejores, pero la verdad es que pedir esto es como pedirle a un niño hambriento que estudie. ¿Cómo pedirle a un maestro, que apenas tiene un sueldo para pagar sus deudas, que mejore? ¿Cómo pedirle a un niño que reciba con gusto un libro si lo más probable es que sus clases empiecen en abril y no en marzo, como se quería el año pasado, porque su colegio aún no ha sido reconstruido -en Ica y en Cañete, aún viven en carpas- o porque está completamente inundado?
Lo que últimamente nos alarmó fue la restricción del acceso a los puentes. ¿Cómo es que las autoridades piensan que esa es la única vía de solución?, ¿cómo es que no se han podido tener en cuenta las numerosas recomendaciones que hicieron algunos ingenieros piuranos, durante todo el año pasado? Sin duda alguna, no se cuenta con una política preventiva. ¿Qué se hace con el dinero que el gobierno central destina a nuestra región? A lo mejor no alcanza, como tampoco alcanza el dinero que se envía para pagarles a los profesores contratados, a quienes aún se les debe el sueldo del mes de diciembre y las llamadas décimas de enero.
¿Qué podemos hacer los demás?


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